Day One, despedida y comienzo

Después de una larga procrastinación damos comienzo. Todo comenzó un 23 de octubre de 1960. Salí de mi Santa Clara querida de madrugada en dirección a La Habana. Ese mismo día partiría en vuelo directo de National Airlines hacia New York City. Mi padre ya se encontraba en New York desde finales del 1959. Fue una despedida triste y alegre para un adolescente de 13 años. Presentía que no regresaríamos en largo tiempo, pero a la vez volvería a estar la familia unida. Eran tiempos revueltos especialmente para familiares de un político, como mi padre, que había pertenecido al gobierno de Fulgencio Batista y Zaldivar. Existía una euforia nacional al triunfar el gobierno revolucionario de Fidel Castro Ruz el primero de enero de 1959.

El viaje de casi cinco horas fue casi sin contratiempos. Yo llevaba puesta una sortija de brillantes de mi padre, al lavarme las manos en el baño del avión me la quite y la deje olvidada. Con tan buena suerte que un señor llamado Guillermo Alvarez Guedes salió del baño después que yo y me pregunto si era mía. Era también su salida definitiva del país. Recuerdo que me dijo “hijo uno nunca se quita la sortija para lavarse las manos”.

La llegada al aeropuerto de Idlewild, hoy John F Kennedy, fue emocionante. Era un día gris y frío de finales del mes de octubre. Mi padre y un amigo de la infancia de mi madre en Cienfuegos, Pablo Rodríguez, nos esperaban. Manejaron hasta la casa de Pablo en Washington Heights, 182 Street entre St Nicholas y Audubon, para luego llevarnos a donde pasaría mi primera noche, el Hotel Astoria, 200 East 86 Street, en una habitación de doble cama. Continuará…

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Day One, despedida y comienzo

Mi 1º de enero de 1959

Mi 1º de enero de 1959

Tenía once años y cumpliría los 12 un par de días después. Como todos los años mis padres tenían la costumbre de dividir las Fiestas Navideñas entre mis abuelos maternos en Cienfuegos y los paternos en Santa Clara. Me encontraba con mi madre en Cienfuegos donde habíamos pasado el 24. Por toda la provincia de las antiguas Villas el ejército rebelde estaba tomando todas las posiciones claves y peleaba dispersadamente.

Cuando tratamos de regresar a nuestra casa en Santa Clara después del 24 vía Palmira, Cruces, Ranchuelo, Esperanza, etc., la carretera había sido cortada por los rebeldes. Había miedo de transitar o simplemente no te dejaban. Comenzamos a buscar una alternativa, todo esto en ómnibus nacionales, vía Rodas, Aguada, Santo Domingo a coger la Carretera Central hacia SC.

El fin de año nos tomó en Cienfuegos, sin celebrar pues mi abuelo materno había muerto en noviembre y sin poder viajar. Mientras tanto el 31 la columna del Ché peleaba y tomaba Santa Clara. Aunque hubieron pérdidas y mártires, la batalla no fue tan grande pues pudieron neutralizar un tren blindado que venía con armamentos, casi todos los soldados del gobierno de Batista en la provincia fueron acuartelados en el Cuartel Leoncio Vidal, si pelearon lo hicieron bien poco y con desgano.

Las batallas principales fueron en el Cuartel 31, en la estación de policía situada frente al parque del Carmen, en el parque de Santa Clara apuntando hacia el Santa Clara Libre donde se a pertrecharon policías, y aviones del gobierno ametrallaron, pero me decía mi padre que más se oían caer a los casquillos sobre los tejados que a las balas.

Finalmente el día 3 de enero pudimos mi madre y yo regresar a nuestra casa en Santa Clara vía Santo Domingo. Toda esta etapa de mi vida es borrosa y fue muy traumática. Me siento dichoso que aún me queda algo de la memoria histórica, todos los demás murieron.

Tengo que añadir que triunfado la Revolución pasé al Colegio Martí en la Calle Cuba, colegio también de revolucionarios, pues habían intervenido mi escuela anterior González Del Valle. Uno de mis primeros exámenes de historia de Cuba me pedían un ensayo sobre la toma de Santa Clara, las profesoras de nombre Acacia y Alicia, no les gusto mucho lo que escribí, aún no se el por que pues aunque adolescente y traumatizado siempre he sido objetivo.

Mi 1º de enero de 1959

El Sueño Americano

Los primeros emigrados cubanos del siglo XIX lo hicieron por razones políticas o económicas, se establecieron primordialmente en Cayo Hueso (Key West), Tampa, y New York. Los del 1959, 1960, y 1961, autodeterminados exilados políticos, no tuvieron más remedio que irse debido a que pertenecían al gobierno de Batista, unos fueron criminales, otros malversaron, otros como fue el caso de mi padre, no hicieron daño, no robaron o por lo menos el gobierno revolucionario nunca lo pudo probar, les gustaba la política simplemente y aunque pertenecían a un gobierno opositor y dictatorial para algunos, siempre trataron de hacer el bien en la manera que ellos lo entendían. Este grupo fueron inhabilitados por 30 años para ejercer un cargo público, les fueron congelados y luego confiscados todos los bienes, si tenias algunos, fueron expulsados de sus trabajos no políticos, como fue el caso de mi madre, maestra y profesora universitaria de idiomas, simplemente por asociación.  Y como todo comienzo de una revolución, el odio, la envidia, el revanchismo, el querer cambiarlo todo desde sus raíces, en el caso cubano si te descuidabas y tenias mala suerte, te fusilaban, siendo bueno o malo, no importaba. Lo que mas dolía es que tus amigos de la cuadra donde vivías, en cuya casa residías desde antes de 1947, te rechazaban. Estos fueron los primeros actos de repudios de la revolución.

Los segundos en emigrar fue la burguesía y pequeña burguesía cubana. Nuestro pueblo estaba compuesto entonces de una gran clase media trabajadora, emprendedora, profesional, hijos e hijas de emigrantes también. Porque en Cuba, al igual que en Estados Unidos, los únicos nativos fueron los siboneyes y taínos, para su desgracia y exterminio llegaron los Españoles. Luego llegaron de África, Asia, mas Europeos, éramos un verdadero ajiáco. Poseíamos una burguesía adinerada, poderosa, ostentosa al estilo europeo, dueña de centrales azucareros, inmobiliarios, y otros negocios, poco preocupada, salvo excepciones, de las clases más pobres. Éramos una sociedad de clases, rica, media, y pobre. Inclusive nos dividía el color de la tez de nuestra piel. La gente emigró según les fueron pisando los callos y afectando, como se dice en cubano. Este fue el gran error, abandonar el País.

New York para mi fue un cambio radical en todos los sentidos. Venir de una ciudad pueblerina, provincial y pequeña como era Santa Clara. El haber perdido tu casa, amigos, país, no hablar el idioma, todo implicaba un desarraigo. Al llegar nos encontramos que mi padre estaba desempleado, no teníamos una casa donde vivir, no teníamos dinero, si acaso mil o dos mil dólares pues la cuenta del banco en Cuba fue congelada. La tierra prometida para algunos o el sueño americano para otros comenzó en mi caso con un gran desencanto, en un frío y gris mes otoñal.

“El sueño americano o, en inglés, the american dream, en general puede definirse como la igualdad de oportunidades y libertad que permite que todos los habitantes de Estados Unidos logren sus objetivos en la vida únicamente con el esfuerzo y la determinación”.

“Hoy, esta idea expresada por primera vez en 1931 por el historiador estadounidense James Truslow Adams, se refiere a que la prosperidad depende de las habilidades de uno y de su trabajo, no de un destino rígido dictaminado por la jerarquía social, aunque el significado de la frase ha cambiado durante la historia de Estados Unidos”.

Yo estaba totalmente equivocado pues pensaba que el sueño americano  era ser dueño de o vivir en tu casa.

Continuará…

El Sueño Americano